Etiquetas

,

Hoy veremos un ejemplo de ficha catalográfica con esta estatua de Ramsés II que puede visitarse en el museo del Louvre. Aprovecharemos la ocasión para matizar la reputación de usurpador de este faraón, uno de los más industriosos y longevos del Antiguo Egipto.

1. Título de la obra: Estatua colosal de Ramsés II.
2. Autor: desconocido.
3. Cronología: XIX Dinastía, h. 1279 – 1213 a.C.
4. Dimensiones: Alto: 2,56 m, ancho: 0,80 m, diámetro: 1,17m.
5. Material y técnica:
5.1. Material: Diorita.
5.2. Técnica: Escultura de bulto redondo, con grabados en la base de la escultura y en la hebilla del cinturón de la figura.
6. Localización: Museo del Louvre, París. Antigüedades egipcias, A 20 (hallada en Tanis, Egipto).
7. Cultura: Antiguo Egipto.
8. Comentario:
8.1. Breve descripción física de la obra:

Estatua colosal de piedra de un faraón sedente en un trono cúbico con inscripciones jeroglíficas en su base así como en la hebilla del cinturón indicando el nombre de Ramsés II y sus títulos. La figura reposa las manos sobre los muslos y va ataviada con faldellín, barba postiza, nemes y uraeus (tocado y corona reales).

8.2. Creación de la obra y su contexto:

Desconocemos la procedencia de esta escultura, si bien podría pertenecer a Luxor o Karnak, grandes recintos religiosos consagrados al dios Amón. Pertenece al reinado de Ramsés II (1279-1213 a.C.), período conocido por su prosperidad económica tras la liberación del dominio hicso en Egipto y las numerosas victorias militares llevadas a cabo por su antecesor Seti I y por él mismo. Ramsés II será uno de los últimos grandes faraones egipcios, comparable a los faraones constructores del Imperio Antiguo, ya que bajo su largo mandato se vivirá la etapa de mayor actividad constructiva de Egipto.

Como reflejo de estos acontecimientos políticos y sociales surgirá un nuevo gusto por el colosalismo en las edificaciones así como en las estatuas que las complementan, rasgo fundamental de este momento histórico. Exceptuando las pirámides, las proporciones ciclópeas en escultura o arquitectura egipcias no encontrarán precedentes a los ramésidas y tampoco volverán a repetirse.

Sobre la escultura que nos ocupa cabe decir que ha sido objeto de polémica, ya que algunos autores han considerado las modificaciones encontradas en la corona, cara, torso y en el trono como señal de que la estatua pertenecía a un faraón antecesor, probablemente Amenofis III, siendo reutilizada a posteriori por Ramsés II. No sería de extrañar, puesto que se trataba de una práctica bastante común en esta época y de hecho fue llevada a cabo por el mismo Ramsés II en múltiples ocasiones.

Recordemos que lo que en el Antiguo Egipto determinaba la identidad de la escultura y su relación con el retratado no eran las similitudes físicas sino las inscripciones jeroglíficas con su nombre y títulos, que otorgaban significado y entidad a la obra. Por este motivo, muchos faraones usurparon estatuas anteriores a su reinado e hicieron las modificaciones pertinentes para acomodarlas a su persona, si bien a veces se debía a procesos de resacralización, en caso de reconstrucciones o mejoras en templos desacralizados o finalizaciones de estatuas que otros dirigentes dejaran por terminar.

En la obra que analizamos, sin embargo, hay indicios de que no nos estaríamos enfrentando a una usurpación sino a unos cambios realizados en la escultura que responderían a otras circunstancias. Para empezar, las facciones redondeadas de la imagen se corresponden con la representación que encontramos del rostro de Ramsés II en otras esculturas, rostro que pese a una cierta idealización de los rasgos también posee una intención naturalista, como es habitual en la escultura del momento.

Así, de haberse tratado del rostro de Amenofis III, para lograr retratar las facciones de Ramsés II habría sido necesario que el artesano lo hubiera esculpido de nuevo, siendo ésta una compleja y delicada operación poco probable de haberse llevado a cabo. Además, las inscripciones jeroglíficas que nos hablan de la identidad de Ramsés II y sus títulos están intactas, no halládose marcas de otro nombre anterior eliminado debajo de ellas.

Por todo esto algunos estudiosos descartan la posibilidad de una usurpación y achacan las modificaciones de la estatua a un embellecimiento llevado a cabo en ocasión de algún festival del Jubileo: se añadió dorado a la barba y a la corona, así como inscripciones de los nombres reales a ambos lados del trono y en la parte posterior del mismo.

Probablemente tiempo después esta escultura fue portada a Pi-Ramsés, la capital de la dinastía ramésida, desde su desconocida ubicación inicial, ya que en Pi-Ramsés se encontraba el centro de las celebraciones de los jubileos. Se especula que las modificaciones en su cara y torso debieron ocurrir en ese momento, o bien que fueron causadas por un accidente en una segunda fase de transporte de la estatua, esta vez de Pi-Ramsés a Tanis, lugar donde fue descubierta.

8.3. Tendencia artística o estilo:

Las proporciones de este tipo de esculturas responden más a una voluntad propagandística del poder del faraón y de su divinidad, como descendiente directo del dios Amón que es, que no a una representación de la realidad. Como estatuaria del período ramésida cabe decir que éste tuvo una tipología muy diferente y una producción variada en sus esculturas de bulto redondo, tanto en factura como en calidad.

En este caso se percibe el refinamiento estilístico propio de algunas tallas de esta época y ya presente en la XVIII dinastía. En esta tendencia se da un carácter más personal al rostro sin renunciar por ello a la solemnidad e idealización propias de las imágenes faraónicas ya desde el Imperio Antiguo, lo cual será un rasgo propio de la escultura de esta dinastía. Por otro lado, la sonrisa comedida, la mirada serena y la postura hierática, la representación del cuerpo proporcionado en pleno esplendor físico, en su fortaleza y juventud, todo ello son convenciones que transmiten la imagen del dirigente todopoderoso, hijo directo de la divinidad.

8.4. Características estéticas de la obra:

Como comentábamos, se aprecia un tratamiento cercano al naturalismo en las facciones redondas y carnosas del rostro de Ramsés II, pese a no reflejar más humanidad en el rostro que una ligera expresión de beneplácito. La talla de los detalles del cuerpo, como los huesos de las rodillas y los músculos de piernas y brazos o los pectorales, denota el dominio de la técnica del artesano y apunta a una continuidad del cambio estilístico iniciado por los escultores de Amarna, que detallaban los tendones del cuello y otros huesos.

Observamos en esta escultura otras características que apuntan a esta continuidad, como una mayor integración de las cejas en el rostro o la carnosidad de las orejas. Además, el escultor ha sido capaz de recrear armoniosamente los volúmenes y particularidades anatómicas en un tipo de piedra conocida por su dureza y, por lo tanto, por la dificultad de su talla. Precisamente por esto, la escultura presenta una forma cúbica, y los espacios entre los brazos y el tronco no han sido vaciados, pero en general la labor realizada en las inscripciones, nemes, barba y pies y la ejecución del conjunto puede considerarse un trabajo exquisito.

BIBLIOGRAFÍA:

  • www.louvre.fr
  • ALDRED, C. El Imperio Nuevo: período de los Ramsés, XIX-XX dinastías. En: Arte egipcio. Barcelona: Ediciones Destino, 1993. p. 186, 190-194
  • ALEGRE CARVAJAL, E. Las ciudades de los dioses (Imperio Nuevo). En: Cárdaba, G. (coord.). El arte en el Antiguo Egipto. Madrid: Ediciones JC, 2006. p. 180-194.
  • LÓPEZ MELERO, R., PLÁCIDO, D., FRESEDO, F. C. XI: El Imperio Nuevo egipcio: la dinastía XIX. En Historia Universal, Edad Antigua. Grecia y Oriente Próximo. Volumen I Tomo A. Barcelona: Vicens Vives, 1992. p. 146.
  • MARTÍNEZ DE LA TORRE, C. Del Imperio Antiguo al Imperio Nuevo: Las artes figurativas. En: Martínez de la Torre, C.; Gómez López, C.; Alzaga Ruiz, A. Historia del Arte Antiguo en Egipto y Próximo Oriente. Madrid: Centro de estudios Ramón Areces, 2010. p.188-191.
About these ads