Etiquetas

, ,

Abro la puerta de este blog con otra puerta, dando la bienvenida a toda persona interesada en el mundo del arte con este primer comentario de una obra considerada como una de las más hermosas de la historia de la arquitectura: la puerta de Ishtar. 

La puerta de Ishtar, la más importante de las ocho puertas que daban acceso a la ciudad amurallada de Babilonia, fue construida hacia el 575 a.C. durante el período conocido como neobabilónico, en tiempos de Nabucodonosor II (604-592 a.C.), una de las etapas de mayor esplendor y grandeza de esta civilización del Próximo Oriente antiguo.

La reconstrucción de la puerta de Ishtar se encuentra actualmente en el Museo de Pérgamo en Berlín y fue posible gracias a las excavaciones dirigidas por el arqueólogo alemán Robert Koldewey, que encontró sus fundamentos en 1899. Poco había sobrevivido de la puerta original a nivel de calle; en cambio, existían 15 metros de la  misma bajo tierra, decorados con relieves pero sin el recubrimiento cerámico vidriado del nivel superior. A partir de estos fundamentos se realizó la reconstrucción que hoy en día se puede visitar en el museo berlinés.

De estructura doble que se corresponde con el original encintado de la muralla, las dimensiones aproximadas de la puerta reconstruida son de unos 14 metros de alto por 10 de ancho. Se encuentra flanqueada por sendos torreones que sobresalen de su estructura, coronados por almenas, albergando la original en su interior diversas salas. Como el resto de puertas de la ciudad, estaba consagrada a una divinidad, en este caso a Ishtar, diosa del amor y de la guerra del panteón babilónico.

La puerta de Ishtar se encontraba en el lado norte de la ciudad de Babilonia y constituía su principal acceso. La atravesaba la Vía Procesional, una ancha avenida muy transitada que llevaba al interior de la ciudad y la recorría longitudinalmente norte-sur. En torno a ella se distribuían todos los edificios destacados, templos y palacios, de ahí su relevancia simbólica, política y religiosa y el hecho de que fuera la más importante de Babilonia. Su nombre original fue “Que el enemigo no tenga victoria” pero se la conoce como Vía Procesional porque por ella desfilaban las procesiones en honor al dios Marduk, dios tutelar de la ciudad y cabeza del panteón, durante la fiesta de Akitu, en la que se celebraban los inicios de año y el triunfo del dios sobre las fuerzas del caos. La estatua de Marduk era transportada por su corte divina por esta avenida hasta el Templo del Año Nuevo.

Lo más destacado de la puerta de Ishtar es su composición, ya que está formada de ladrillos de adobe vidriados policromados, una técnica ya conocida anteriormente (los casitas la usaron en el 1200 a.C., los asirios, en la decoración de interiores del palacio de Sargón II en Jorsabad, y en la misma Babilonia otros edificios la utilizaron para su decoración: el Esaglia o templo de Marduk, el palacio de Nabucodonosor II y el zigurat, por ejemplo), pero que en este caso fue combinada con el moldeado y relieve de los ladrillos para conseguir su máxima capacidad expresiva. Esta novedad aumentaba la plasticidad y viveza de las figuras representadas, imágenes zoomórficas doradas y blancas de los dioses Marduk y Adad (dios de la tormenta), en forma de dragones híbridos y toros respectivamente. Asimismo, la Vía reproducía en las proximidades de la puerta imágenes de leones blancos en relieve, símbolos de la diosa Ishtar. De esta manera la puerta respondía a tres tipos de funciones: religiosa, estética y también práctica, ya que los ladrillos vidriados otorgaban solidez e impermeabilidad a la construcción.

En total se ha calculado que se representaron unos 120 leones en la Vía y 575 dragones y toros en la puerta. Se trata de figuras de aspecto apacible, estilizado y elegante,  dispuestas en franjas que alternan el tipo de animal que en su misma franja se repite exactamente, consiguiendo con esto orden y ritmo. Las imágenes parecen suspendidas en el intenso fondo azul, como si formaran parte de una procesión flotante, y lo único que las sitúa en este limbo son unas franjas amarillas que delimitan los contornos de cada espacio de la puerta y unos frisos de rosetas en la parte superior e inferior de éstos, a modo de marco. El carácter refindado, sereno y religioso del conjunto aleja esta obra del arte guerrero de los asirios,  aproximándola en cambio al equilibirio pacífico de las representaciones artísticas sumerias y neosumerias. Encontraremos posteriormente producciones similares en ladrillos vidriados policromados en Susa, Persia, hacia el s. IV a.C. en paneles donde se representan procesiones de leones, toros alados y dragones en colores y disposición semejantes.

Un elemento a señalar son los colores, que poseen un grado de saturación muy elevado y contrastan vivamente entre sí. El efecto de la luz sobre el fondo azul creado con lapislázuli, los relieves coloreados iluminados y las proporciones de la construcción debían de resultar un espectáculo de gran belleza estética y sobrecogimiento para todos los tanseúntes que atravesaran esta puerta, que ejercía no sólo como acceso sino como emblema del esplendor de la Babilonia del momento.

No olvidemos que en aquella época Babilonia no sólo se erigía como capital del estado de Babilonia, tratándose además del mayor asentamiento urbano de la historia; también constituía el poder político más potente de Oriente. Con Nabucodonosor II y su antecesor Nabopolasar, Babilonia había conocido el resurgir de su independencia y el renacimiento de la cultura, llevando a cabo un sinfín de campañas militares exitosas y siguiendo una vasta política de construcciones y reconstrucciones de templos y palacios de grandes dimensiones.

En este contexto debemos considerar la puerta de Ishtar y la Vía de las Procesiones como un instrumento de propaganda política y símbolo del poder de Nabucodonosor II, poder que quedaba patente para foráneos y autóctonos a través de la magnificencia de estas construcciones antes incluso de entrar a Babilonia.

BIBLIOGRAFÍA:

  • ALEGRE, E., GÓMEZ, C. Edificios de la arquitectura antigua: historia de las tipologías arquitectónicas. Madrid: UNED, 2007. p. 163
  • FOREST, J., GALLOIS, N. El arte mesopotámico: arquitectura y artes plásticas del principio del II milenio a.C. a la caída de Babilonia. En: Curatola (ed.). El Arte en Irak: de los sumerios a los califas. Barcelona: Lunwerg, 2006. p 92-93.
  • FRANKFORT, H. Primera parte: Mesopotamia: C. VII El período asirio tardío; C. VIII El período neobabilónico; Segunda parte: Las regiones periféricas: C. XII El arte de la antigua Persia: la escultura. En Arte y arquitectura del Oriente Antiguo. Madrid: Cátedra, 1970. p. 161, 216-217 y 392.
  • GATES, C. Near Eastern Cities in the Iron Age: Babylon. En Ancient Cities: The Archaeology of Urban Life in the Ancient Near East and Egypt, Greece, and Rome. Oxon and New York: Routledge, 2011 (2nd ed.). p. 182-183.
  • GÓMEZ LÓPEZ, C. El arte babilónico: La Gran Babilonia Caldea. En: Martínez de la Torre, C.; Gómez López, C.;  Alzaga Ruiz,  A. Historia del Arte Antiguo en Egipto y Próximo Oriente. Madrid: Centro de estudios Ramón Areces, 2010. p. 327-330.
  • HONOUR, H., FLEMING, J. Los fundamentos del arte: Las primeras civilizaciones, Babilonia. En Historia Mundial del Arte. Madrid: Ediciones Akal, 2002. p. 112-114.
  • LEICK, G. Babilonia. En: Mesopotamia, la invención de la ciudad. Barcelona: Paidós, 2002. p. 297-300
Anuncios