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Hoy analizaremos una pintura de la tumba de Najt. En la colección permanente del Museu Egipci de Barcelona existe una reproducción de parte de las pinturas murales de este famoso sepulcro, si bien esta imagen no forma parte de ella. Animo a los que estéis de paso por la ciudad y tengáis tiempo a que os acerquéis a verla, está realmente bien hecha.

La imagen que nos ocupa, una escena de caza y pesca familiar, pertenece a una pintura parietal en seco de la tumba de Najt (TT 52), ubicada en la necrópolis tebana próxima a Sheikh Abd el-Qrna, en Egipto. Por lo que sabemos, Najt formaba parte de la élite de funcionarios de la corte del Imperio Nuevo, si bien existen divergencias a la hora de asignar este sepulcro a un reinado concreto.

Algunos autores estiman que fue creado a finales del reinado de Tutmosis IV, faraón de la XVIII dinastía entre los años 1397 y 1388 a. C., si bien algunos rasgos estilísticos de las pinturas llevan a otros autores a afirmar que la tumba fue finalizada a principios del mandato de su sucesor, Amenofis III.

Por las inscripciones jeroglíficas sabemos que Najt era astrónomo, escriba y sacerdote de Amón, por lo que no es de extrañar que en su tumba se represente una escena de caza y pesca; esta emulación de los deportes reales es habitual en los sepulcros de funcionarios y altos dignatarios del Imperio Nuevo, hallándose presentes ya en el Imperio Antiguo, pero cobrando aquí una nueva dimensión que a continuación analizaremos.

En la escena se nos presenta a Najt por duplicado, en una composición formada en torno a un eje establecido por los pájaros del centro. La simetría del reflejo no es exacta en sus detalles ya que busca mayormente un equilibrio de volúmenes entre las figuras de las dos mitades de la pintura y no la similitud total.

En la figura de la izquierda Najt se dispone a lanzar un bumerán a las aves del centro de la escena; en la de la derecha, el arpón que debería asir para pescar los dos peces que sobresalen del agua frente a él no ha sido representado, por lo que podemos afirmar que se trata de una pintura inacabada. La imagen de Najt idealizada nos transmite su juventud, fortaleza y confianza en sí mismo, la visión de un hombre lleno de vitalidad y poder.

A ambos lados y de pie junto a Najt encontramos a su mujer, Tawy, que lo prende por la cintura, y a unos jóvenes que bien podrían ser sus hijos aunque no aparecen mencionados como tales en los jeroglíficos del sepulcro.

Sea como fuere, los niños le ayudan en la caza y las jóvenes sentadas en las finas barcas de papiro le cogen de la pierna mientras observan la acción con expresión apacible.

Todas estas figuras han sido idealizadas: jóvenes, proporcionadas, esbeltas, hermosas y serenas, sus rostros y ademanes reflejan paz interior. En los márgenes de la escena (si bien en esta imagen no se aprecia), los sirvientes van recolectando la caza. Observamos, en conjunto, el placer proporcionado por esta actividad familiar.

Las figuras han sido representadas siguiendo las convenciones propias de la tradición, como la ley de frontalidad o la perspectiva jerárquica (Najt es la figura mayor por ser la de más importancia, y el resto de elementos deben su tamaño a la relación de valor que tengan con él). Asimismo, se han respetado las convenciones en el color de la piel de hombres y mujeres, más clara la de ellas.

Apreciamos también la representación de múltiples momentos y enfoques en la escena, que no ha sido creada para reproducir un momento y perspectiva concretos, sino una suma de escenas y puntos de vista que aporten la máxima información para el difunto.

Bajo este prisma podemos comprender que toda la familia pueda ser sostenida por una embarcación tan endeble, que se unan los instantes de caza y pesca o que obtengamos vistas como la de los peces, expuestos en un montículo de agua como si se encontraran en la superficie.

Si bien todas estas convenciones son respetadas, también es cierto que esta escena ejemplifica innovaciones relacionadas con el momento histórico en que es creada. Gracias a las victorias militares de faraones anteriores, Egipto gozaba por aquel entonces de una época de lujo y riquezas y recibía la influencia de productos y pueblos extranjeros, lo cual queda patente en el arte del momento.

La opulencia social se expresa en las pinturas tebanas a través de una mayor libertad, flexibilidad y dinamismo del trazo, en una vivacidad y mayor contraste de los colores, atributos estos que se aplican a la escena que nos ocupa. Se da un nuevo tratamiento del espacio figurativo, se estilizan las formas, volviéndose sinuosas, frescas y delicadas de una forma inexistente en épocas anteriores.

Hallamos un claro tono sensual en las pinturas de esta época: los pechos al descubierto de Tawy y la hija del lado derecho constituyen en esta pintura el ejemplo más claro, pero también los ojos almendrados de las mujeres, la riqueza de sus ropajes, brazaletes y collares, sus vestidos ajustados así como la transparencia que cubre el faldellín de Najt, todo nos habla de este erotismo, reflejo de la prosperidad económica y material de la época.

No olvidemos, eso sí, que la función principal de esta pintura, aparte de esta recreación de la belleza, es mágica y religiosa, ya que debe servir para garantizar un buen pasaje del difunto a la otra vida y ayudarle en su renacimiento, motivo por el que la encontramos cargada de simbolismos referentes a la vida eterna.

Las escenas de caza y pesca de por sí ya tratan el rejuvenecimiento, dada la exuberancia vital de los animales y la vegetación que crece en los fértiles pantanos. Los frondosos papiros que configuran el fondo añaden ritmo y simetría a la composición así como verticalidad, al mismo tiempo que nos transmiten el mensaje de vida y renacimiento, atributos que representan al estar asociados con el nacimiento y primeros años de vida del dios Horus.

Si seguimos por el centro superior de la composición, vemos cómo los pájaros, mariposas y libélulas vuelan en todas direcciones, rompiendo la simetría. Esta imagen convencional simboliza el caos maligno y desorden propios del mundo animal no domesticado, que arruina las cosechas, lo cual dota a la figura de Najt del poder civilizador de restablecer el orden y el equilibrio a través de la imposición de sus acciones. Las hijas portan un loto cerrado y otro abierto, símbolos de renacimiento, dado que según las creencias egipcias el sol ha nacido de esta flor.

Además, la aparición de las mujeres en el conjunto suaviza la violencia de la caza y la dota de ternura, sensualidad y rememora el poder de la fecundidad, concepto proyectado de la misma manera en los huevos que aparecen en los nidos o el patito que sostiene en sus manos la figura de Tawy del lado izquierdo de la imagen.

El ejemplo más contundente de esta simbología de la resurrección lo hallamos en los dos peces de la parte inferior de la pintura. Su pertenencia a la especie tilapia nilótica no es gratuita: este tipo de pez tiene por costumbre tragarse a sus crías en situaciones de peligro, para regurgitarlas posteriormente una vez el peligro ha pasado.

Tras esta lectura podemos comprobar hasta qué punto los egipcios conocían los hábitos del mundo animal que los rodeaba y sabían utilizarlo en sus creaciones para transmitir el concepto de eternidad y renacimiento, fertilidad y belleza.
En resumen, nos encontramos ante una escena que demuestra la madurez y el esplendor al que llegó la pintura sepulcral durante el Imperio Nuevo del antiguo Egipto, momentos antes de iniciar su declive durante la Baja Época, hasta la definitiva desaparición de este género.

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