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El mosaico que nos ocupa, conocido como La academia de Platón o mosaico de Torre Annunziata, data del s. I d.C. y fue hallado en una casa de campo perteneciente a Titus Siminius Stephanus cerca de Pompeya, Nápoles. De autor desconocido, actualmente se conserva en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles y constituye un excelente ejemplo de la idiosincrasia romana de la época y de su repercusión en las artes.

Pompeya y otras poblaciones de la bahía de Nápoles se habían configurado a principios de nuestra era como destinos predilectos de las clases pudientes romanas para descansar de sus negocios en Roma durante la primavera y el verano, entregándose allí al ocio en mansiones y villas lujosas copiosamente decoradas, muchas de ellas con motivos helenísticos. De hecho los romanos no sólo respetaban la tradición griega, que consideraban un exponente de la sabiduría y la belleza, sino que la convirtieron en todo un símbolo de estatus, educación y refinamiento entre las élite.

En el caso que nos ocupa, el emblema se dispone en una superficie cuadrada enmarcada por unos festones de frutos y hojas en los que se intercalan ocho máscaras teatrales propias de la época. Siete hombres barbados conversan, hallándose cuatro de ellos sentados en un banco con forma de exedra y tres de pie. Mucho se sigue especulando sobre su identidad, como que se trate de los siete sabios griegos que vivieron a principios del siglo VI a.C., entre los que se encontrarían Homero o Hesíodo, si bien aquí nos centraremos en la teoría que relaciona las figuras con Platón y sus alumnos en la Academia.

Detrás de los hombres congregados, dos columnas que sostienen cuatro vasijas en su arquitrabe representan esquemáticamente un edificio, supuestamente la Academia, mientras en lo alto de una tercera columna se eleva un reloj de sol, elemento habitual en las escuelas filosóficas. Al fondo de la vista se aprecia una construcción que se cree es una visión idealizada de la ciudad de Atenas; a los pies de los contertulios, una caja entreabierta de la que habrían salido los rollos que algunos de los contertulios sostienen, y otra caja que contiene una esfera.

Tanto los rollos, atributos del filósofo, como la esfera, de la cual se sabe que había una en la Academia de Platón, refuerzan la probabilidad de que se trate de una representación de la misma. Platón sería el personaje apoyado en el árbol, quizás la olivera sagrada de Atenea, que señala con un bastón hacia la esfera (lo que ha llevado a pensar que quienes le rodean no sean alumnos sino astrónomos relevantes, como Pitágoras) o bien esté apuntando hacia la sombra de su pie, en referencia al mito de la caverna. Entre los congregados se encontraría Aristóteles, si bien no se ha llegado a un acuerdo de cuál de los personajes sería.

En cualquier caso, podemos afirmar que se trata de una representación idealizada de una discusión filosófica o científica. Este tema gozaba de gran aceptación ya desde la musivaria helenística y no es de estrañar que perviviera en la romana, ya que fue de los griegos de quienes los romanos heredaron la técnica y secretos para realizar mosaicos durante el período republicano romano.

En cuanto a la técnica, en este mosaico se optó por el uso de cientos de teselas de reducidas dimensiones que permiten mayor precisión en los contornos, sombras y figuras así como crear la ilusión de dimensión y espacio, técnica procedente de la tradición musivaria helenística y que se conoce como opus vermiculatum.

Bibliografía:

  • LÓPEZ MONTEAGUDO, G.; SAN NICOLÁS PEDRAZ, M.P. Reflejos de la vida intelectual en la musivaria romana. En Espacio, Tiempo y Forma, Serie II, Hª Antigua, t.7. Madrid: UNED, Facultad de Geografía e Historia (1994). p.249-253.
  • MACKEY, E.; BERNSTEIN, R. Plato’s Academy. En Pompeii and the Roman Villa: art and culture around the bay of Naples. Los Angeles: Museum Associates/Los Angeles County Museum of Art (2009) p.1-5.
  • NIETO YUSTA, C. El mosaico: técnicas de pavimentación y escuelas musivarias. En Martínez de la Torre, C.; López Díaz, J.; Nieto Yusta, C. Historia del arte clásico en la Antigüedad. Madrid: Centro de Estudios Ramón Areces (2011) p. 328-337.
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