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El fotógrafo inglés presenta en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) su mirada crítica sobre el turismo de masas y el coleccionismo de experiencias a través de la fotografía, en una muestra comisariada por Juan Pablo Wert y titulada Souvenir. Martin Parr, fotografia y coleccionismo.

La añeja locura del turista japonés que fotografiaba todo aquello que le iba saliendo al paso en sus viajes, sin apenas echar un vistazo fuera del visor de la cámara, ha acabado por internacionalizarse y extenderse al resto de la población de clase media de todo el mundo, que ya puede permitirse una cámara relativamente buena y fácil de usar a un precio razonable.

Esta democratización de la fotografía ha traído consigo el comportamiento, en muchos casos rayano a lo compulsivo, de adquirir imágenes para el recuerdo como nuevo capital sentimental. Sobre el coleccionismo, el consumo, lo grotesco, el mal gusto y el turismo de masas hijos del siglo XX trata esta fantástica muestra.

Probablemente un fan de Herzog.

Ojo al dato con las pulseras todo incluido.

No, no están haciendo Tai Chi delante de la torre de Pisa.

La verdad es que no recuerdo haberme reído tanto con una exposición en toda mi vida. Creo que con esto ya podría acabar el artículo y que cada cual se acercara al CCCB y juzgara por sí mismo.

Cabe decir que mi experiencia personal con el turista y el mundo que se va creando a su paso influye en la admiración que me provoca la obra de Parr. Viniendo de un pueblo costero que dobla su población en verano para concentrarla en el paseo marítimo, el paisaje natural de los veranos de mi infancia tenía de fondo turistas gratinados que apestaban a aftersun y portaban dignamente sandalias con calcetines.

También he trabajado durante los años de adolescencia en turismo y restauración, y a día de hoy trabajo en un museo en el que rara vez entra el visitante local y para llegar al cual debo cruzar de continuo el zoológico en el que se han convertido las Ramblas, con las paellas y sangrías que venden los restaurantes chinos y el Pita House, los souvenirs de folclóricas y toros de trencadís… y lo dejo aquí porque, teniendo en cuenta cómo está el patio barcelonés, no acabaríamos nunca.

Dejemos que sea Parr mismo quien nos relate todo esto, ya que con ocasión de la muestra se ha infiltrado entre las hordas de visitantes para realizar una serie de fotografías de la Barcelona turística, consiguiendo imágenes impagables como ésta, en la que se puede llegar a sentir compasión por una figura de cerámica, aunque sea de Gaudí:

Parc Güell, Barcelona.

Aparte de lo dicho, yo, como la mayoría, ejerzo de turista frecuentemente, convirtiéndome entonces en ese ser errabundo de boca abierta y paso torpe del que tan bien hablara Don DeLillo en The names y que nos refleja descarnadamente Parr en sus fotografías. Especialmente adecuadas para la época veraniega son las siguientes, alguna de ellas de Benidorm:

Antes.

Después.

Impresionante.

Además de playas masificadas, turistas fotografiándose junto a los monumentos icono, imágenes de comida fritanga en platos combinados de Tenerife, de litros de cerveza y churros en Benidorm, la muestra incluye tres colecciones muy interesantes, dos de ellas del mismo Parr y una tercera de Juanjo Fuentes.

Parr colecciona por un lado postales antiguas de lo más insospechadas, como las que muestran gente fotografiándose al lado de un animal muerto (ballenas, elefantes -esto está aún de moda-), de un automóbil estrellado, postales que anuncian una estación de servicio, una lavandería, un televisor, los primeros viajes en avión o la demolición de las chimeneas de fábricas téxtiles típicas de principios del siglo XX. Entre mis preferidas se encuentra la de la bota alcanzada por un rayo, con la que puedes tranquilizar a familiares y amigos y hacerles saber que pese a todo estás bien (y entero):


Entre estos trofeos del fotógrafo no podían faltar las postales de chascarrillo con burdos juegos entre la fotografía del lugar de vacaciones y un diseño naïf al más puro estilo López Vázquez en la Sitges de Vivan los novios de Berlanga, como la del señor que babea mirando una sueca estirada y abierta de piernas mientras camina del brazo de su oronda esposa, o como la siguiente postal, que no acabo de entender. ¿Qué hace este señor desnudo? ¿Se está bañando en una fuente pública sin permiso de las autoridades, como Shakira en la de Pla de Palau?

La segunda colección de Martin Parr es más excéntrica todavía y nos habla de su fascinación por temas sociopolíticos plasmados en objetos horteras o absurdos: ceniceros del Apolo XI, figuritas de porcelana de Margaret Thatcher, un saco de patatas con las caras de Sadam Hussein y Bin Laden y un texto que incita a capturarlos y a meterlos a ambos dentro, una alfombra estampada con las Torres Gemelas a punto de ser destruidas por uno de los aviones… Y como esto varias piezas más que dejan al visitante francamente perturbado y maravillado.

En cuanto a la colección del malagueño Juanjo Fuentes, del que nada se dice pese a haber cedido su casa entera para exponerla en la muestra, se pueden contemplar reproducciones de las habitaciones de su casa así como fotografías que el propio Parr ha hecho de las miles de figuritas de cerámica, cuadros, objetos de rastro y demás artefactos de Fuentes:

Algunos objetos de la colección de Juanjo Fuentes, vistos por Parr.

Al final uno se despide de Parr como lo conoció al principio de la muestra, como lo encontró nada más entrar a la exposición, a través de sus autorretratos de turista en varios lugares del mundo. Sospecho que el meta turista Parr eligió en todo momento la opción más cutre y divertida de retrato que se le ofrecía, dejándose llevar dulcemente por el placer de hacer el hortera que tanto se complace en señalar en los demás.

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