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En este artículo analizaremos los puntos en común y las divergencias entre la cerámica de Kamarés, perteneciente al período minoico medio o época de los primeros palacios de la Antigüedad griega (h. siglos XX-XVIII a.C.) y la cerámica de época clásica griega (siglos V-IV a.C.).

Vaso de Kamarés con motivo de pulpo, h. XX – XVIII a.C.

Primeramente y en cuanto a la temática representada, en la cerámica de Kamarés encontramos sobretodo motivos vegetales y motivos abstractos a base de líneas en forma de espirales, así como imágenes de fauna marina.

En cambio, el tema predilecto en la época clásica pasa a ser la figura humana y los temas mitológicos, si bien es cierto que al final de este período, en el denominado estilo florido, se recupera el gusto por la representación de motivos florales. En ambos casos, los expertos afirman que los estilos y temas se hallaban relacionados con las pinturas murales de sus respectivas épocas en ciertos momentos de las mismas.

Si nos fijamos en las técnicas utilizadas, en la cerámica clásica desaparece el uso de la barbotina que sí se daba en algunas piezas de la de Kamarés. En vez de las incisiones y los detalles en relieve de ésta, en la clásica los motivos sólo se pintan, lo cual favorece la libertad en la creación y en el trazo, mucho más suelto y flexible, traduciéndose todo ello en un aumento de la precisión en la ejecución.

La calidad y minuciosidad de esta cerámica será excelente, destacando al respecto el estilo preciosista, que realiza un exquisito tratamiento de los detalles. Aparte de este cambio en la factura de las piezas, cabe destacar la importancia del contorno en las figuras en el período clásico de figuras rojas, lo cual no tiene antecedentes en la cerámica de Kamarés. Un buen ejemplo de ello es la crátera de figuras rojas de Helena y Menelao, (h. 440 a.C. Museo del Louvre, París):

En cuanto a la policromía que ambas cerámicas exhiben, generalmente la de Kamarés utilizará tonos claros sobre oscuros, sirviéndose de rojo o blanco sobre fondo negro, así como en ocasiones de naranja y amarillo, mientras que la clásica añadirá al uso del fondo negro o azul oscuro el del fondo blanco, pintando las figuras de rojo o negro. Cabe decir que, a principios de la etapa clásica, la policromía casi desaparece en pos de un mayor detallismo de las figuras, utilizándose sólo el color oscuro del fondo y el propio tono de la arcilla, si bien a finales del clasicismo se recuperará el gusto por el uso del blanco y el dorado.

Cerámica de Kamarés, h. XX – XVIII a.C.

La relación entre la obra y la superficie pictórica constituye otra de las diferencias reseñables entre ambas cerámicas. En ambos casos se tiende a ocupar la totalidad del espacio útil, ya sea con una imagen o bien con la distribución de múltiples figuras en él. Sin embargo, mientras los diseños repetitivos y geométricos de la de Kamarés buscan destacar la forma de la pieza sobre la que se ejecutan, adecuando la composición a la misma o disponiéndola de manera que resalte su figura, en la cerámica clásica la superficie disponible se concibe básicamente como soporte pictórico.

No hay que olvidar, eso sí, que en ambos períodos las obras decoraban ánforas, vasos y demás objetos prácticos; en ningún momento se trata de piezas realizadas como mero soporte y exhibición de la obra representada, sino de utensilios cotidianos o de ritual funerario. Con relación a sus dimensiones, se puede apreciar un aumento del tamaño de los recipientes decorados en la época clásica con respecto a su antecesora, aunque la decoración no siempre se corresponde con esto y puede mostrarse en cualquier tamaño.

Ánfora del pintor de Exequias, Ayax y Aquiles jugando a dados; h. 540 – 530 a.C. Museos Vaticanos, Roma.

Por otro lado, como ya sucediera en la cerámica minoica, en la cerámica clásica se realiza una delimitación de registros mediante cenefas, si bien estos motivos geométricos pasan a ser marco de la acción principal de las figuras y no el centro de la composición como en el caso de su precursora, cuyo objetivo era principalmente decorativo.

En esto radica una de las grandes diferencias entre ambas cerámicas, ya que frente a la función principalmente estética de las imágenes de Kamarés, en la época clásica topamos con la voluntad de captar y expresar emociones humanas además de con la función decorativa ya mencionada.

La cerámica clásica mostrará un espíritu de experimentación desconocido anteriormente, llevando a cabo numerosos ensayos en la creación del espacio pictórico, de la profundidad, la perspectiva y los escorzos, de unos principios de paisaje que la de Kamarés aún no contempla. En esta línea, la cerámica clásica también buscará la expresión del movimiento como algo fundamental, a través de escenas únicas y asimétricas que plasman el movimiento en desarrollo, lo cual no sucede en la de Kamarés, aunque el ritmo de sus motivos insinúe movimiento.

Crátera de figuras rojas de Jasón entregando el vellocino de oro a Pelias, h. 340 – 330 a.C. Museo del Louvre, París.

Bibliografía:

  • BOARDMAN, J. A History of Greek Vases. En The History of Greek Vases. London:Thames & Hudson (2001) p. 79-99.
  • DICKINSON, O. Artes y oficios. En La Edad del Bronce Egea. Tres Cantos, Madrid: Akal (2000) p. 138 – 142.
  • LÓPEZ DÍAZ, J. El arte de la Creta Minoica. En: Martínez de la Torre, C.; Lopez Díaz, J.; Nieto Yusta, C. Historia del Arte Clásico en la Antigüedad. Madrid: Centro de Estudios Ramón Areces (2011) p. 44 – 45.
  • MARTÍNEZ DE LA TORRE, C. El arte de la Grecia Clásica. En: Martínez de la Torre, C.; Lopez Díaz, J.; Nieto Yusta, C. Historia del Arte Clásico en la Antigüedad. Madrid: Centro de Estudios Ramón Areces (2011) p. 151-156.
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