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CaixaForum Barcelona ofrece hasta el 24 de febrero una exposición sobre la antigua Mesopotamia bajo el título “Antes del diluvio: Mesopotamia 3.500-2.100 a.C”. La Pipa ha estado allí para contárnoslo todo en riguroso diferido.

Placa votiva sumeria. Período dinástico arcaico II. Oriental Institute of  The University of Chicago.

Placa votiva sumeria. Período dinástico arcaico II. Oriental Institute of The University of Chicago.

Dado el tiempo que hace que no se realizan exposiciones sobre este tema tan interesante en Barcelona y la cantidad de obras que conforman la actual muestra (unas cuatrocientas), era de esperar que las expectativas antes de visitarla fuesen elevadas.

Una vez contrastadas con la realidad, puede decirse que vale la pena ir por la calidad de algunas de las piezas y sobre todo para hacerse una idea general de la vida en las primeras civilizaciones humanas, pero que el visitante hará bien de no esperar una información detallada de las obras ni de la multiplicidad de grupos étnicos que habitaron el lugar durante este período.

La visión que se transmite a lo largo de la exposición y a través de los diferentes medios (videos temáticos, fotografías, piezas arqueológicas, mapas…) resulta muy global, aunque lo que caracterice precisamente esta época sea la diferencia y la especificidad de las culturas que surgieron en la región por aquel entonces: sumerios, acadios, amorreos, gutis, elamitas o babilonios, estos últimos ya a finales del periodo, entre otros.

Es comprensible que en la exposición se hable mayormente de los sumerios, ya que tenemos constancia de su organización en lo que serían las primeras ciudades de la Historia y su producción cultural conservada documenta estos inicios de la civilización humana. También acadios y babilonios son tratados a lo largo del recorrido, eso sí, sin que se les dedique una atención especial.

Esta función simplificadora de la muestra puede comprenderse desde el conocimiento de la dificultad de dar información resumida y concreta sobre el bullicio de etnias y las relaciones entre los grupos mencionados. Por lo tanto, la selección elegida parece la vía más adecuada para aproximarse al tema.

Centrándonos en el contenido de esta muestra, destacan las explicaciones sobre mitología y creencias sumerias, relacionadas con las tablillas votivas de escritura cuneiforme expuestas de las que se agradece la traducción, que puede consultarse en pantallas al lado de las piezas. Estos textos muchas veces son pura poesía, como aquel que habla de un mito de la creación del período arcaico (3.000-2.750 a.C.) y empieza así:

“El principio de los tiempos era como ayer…”.

La exposición de piezas importantes, como la célebre Lista Real Sumeria, y otras más raras, como lo que se cree que es el primer catastro de la historia, hallado en Nippur sobre el año 2.000 a.C., o las famosas figuras de Gudea de Lagash, son sin duda los puntos fuertes de la muestra. Teniendo en cuenta que los objetos de la época tienden a ser de tamaño reducido, la estatura de este Gudea, de más de un metro de altura, resulta sorprendente:

Estatua de bulto redondo del príncipe sumerio Gudea de Lagash. H. 2.100 a.C. Renacimiento sumerio.

Estatua de bulto redondo del príncipe sumerio Gudea de Lagash. H. 2.100 a.C. Renacimiento sumerio.

El visitante podrá acercarse a través de tablillas, figuritas, sellos, mapas y maquetas a las creencias mesopotámicas sobre la vida, la muerte, la superstición y la magia, así como a los aspectos más pragmáticos de estas civilizaciones, como su producción agrícola, el registro de sus actividades y su construcción arquitectónica, o la importancia del templo y de las divinidades en estas sociedades. Esta información práctica es también un valor añadido de la exposición, ya que no suele darse en muestras de este tipo.

Ya para terminar, dos críticas constructivas relacionadas con la disposición de las obras y su exposición, en nuestra opinión mejorables.

Sobre la disposición, la muestra empieza con material histórico relacionado con  personajes que realizaron las primeras exploraciones de la zona en busca del estudio de la antigüedad mesopotámica. Esta información, que podría verse con cierto interés anecdótico al final del recorrido, deja un poco indiferente nada más empezar y no se entiende muy bien su función allí.

En cuanto a la exposición de las piezas más pequeñas, las tablillas con escritura cuneiforme que en la mayoría de los casos es diminuta o los sellos de igual tamaño, en cubos tenuemente iluminados que mantienen al espectador a cierta distancia de la pieza, cabe decir que después de una hora larga de intentar observar los detalles de éstas se acaba con ciertas molestias de espalda, cuello y riñones.

El por qué de que estas piezas tan pequeñas, que el visitante querrá ver de cerca, sean expuestas a una distancia relativamente grande y con poca luz como si se pretendiera ocultarlas en vez de mostrarlas, se nos escapa. Misterios de la museografía.

Pese a esto y valorando pros y contras, sigue saliendo a cuenta visitar la exposición. De hecho, la Pipa volvería aunque sólo fuera para releer y contemplar el increíble poema de Gilgamesh:

“Salvaje es la muerte, segadora de la humanidad.
¿Por cuánto tiempo construimos casas?
¿Por cuánto tiempo nos comprometemos?“.

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Más información sobre la muestra, horarios, visitas guiadas y actividades relacionadas, aquí.

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