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CaixaForum Barcelona abre las puertas de la primera retrospectiva de Camille Pissarro que se realiza a nivel estatal, una de las exposiciones más fuertes de su temporada. La Pipa estuvo en la conferencia de inauguración que ofreció el comisario de la muestra y director artístico del museo Thyssen-Bornemisza, Guillermo Solana. A continuación, unas pinceladas de lo que allí se dijo.

El bosque de Marly. C. Pissarro, 1871. Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza.

El bosque de Marly. C. Pissarro, 1871. Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza.

Bajo el título de Pissarro y el camino Guillermo Solana ofreció una conferencia inaugural breve pero muy interesante, dedicada a analizar el uso que el artista hacía del camino y del punto de vista elegido para transmitir, sutilmente, una amplia gama de sensaciones, impresiones y conceptos relacionados con la velocidad, el vértigo, el vacío, el progreso y el mundo rural y urbano.

Al tratarse de una charla en la que se compararon muchos cuadros de Pissarro con los de artistas más o menos contemporáneos que presentan rasgos comunes, en la Pipa la dividiremos en las tres partes en las que el propio Solana dividió su discurso. Hoy trataremos Paisajes de frente y de perfil; el próximo post será para El arte del desnivel y habrá un tercero con Vértigo urbano. Estos tres apartados se corresponden con las pinturas expuestas según las épocas y momentos vitales en los que Pissarro las creó.

Al visitar la exposición es recomendable tenerlos en cuenta para llevarse una lectura más profunda de lo visto, ya que estas comparaciones no han sido incluidas en la muestra. Una lástima, porque descubren no sólo el valor de la obra en sí sino su marcada relación con el contexto en el que nace, con otros artistas que la influencian e inspiran, de la misma manera que la obra de Pissarro ejercerá posteriormente un gran influjo en la producción de tantos otros.

Paisajes de frente y de perfil

Solana invita aquí a reflexionar sobre las connotaciones de la composición y las diferencias entre las sensaciones que sugiere una vista tradicional de perfil, en la que predominan la estabilidad y el clasicismo, y un paisaje de frente. Veamos dos ejemplos del mismo Pissarro:

El camino de Ennery. C. Pissarro, 1874. Paris, Museo de Orsay.

El camino de Ennery. C. Pissarro, 1874. Paris, Museo de Orsay.

Camino de Versalles, Louveciennes, sol de invierno y nieve. C. Pissarro, c.1870. Museo Thyssen-Bornemisza

Camino de Versalles, Louveciennes, sol de invierno y nieve. C. Pissarro, c.1870. Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza.

En la segunda imagen, el dinamismo del punto de vista invita al espectador a entrar en el camino, a seguirlo. El camino así mostrado se presenta como símbolo de progreso y de futuro. A partir de los años 70 del siglo XIX, Pissarro trabajará ampliamente con este tipo de paisaje de frente, en la línea de otros colegas como Monet, o como hará Hobbema poco después.

El Monet que vemos bajo estas líneas fue pintado en el mismo lugar y momento que el cuadro anterior, estando codo con codo Monet con su amigo Pissarro, lo cual nos permite ser testigos de cómo se posiciona cada uno frente al mismo tema. Monet es más veloz aún, más acelerado que Pissarro, que con el tipo de pincelada y la sinuosidad de la senda matiza el dinamismo de la perspectiva. Monet en cambio utiliza audazmente las líneas tangentes que crean todos los elementos para catapultarnos al centro del paisaje, al final sin final del camino:

Ruta de Versalles a Louveciennes, effet de neige C. Monet, 1869-70.

Ruta de Versalles a Louveciennes, efecto de nieve. C. Monet, 1870.

El célebre cuadro de Meindert Hobbema, diez años después de los pintados por Pissarro y Monet, hereda esta osadía, transportando nuestra mirada directamente al infinito con el punto de fuga marcado por el camino y las copas de sus esbeltísimos árboles:

La avenida de Middelharnis. M. Hobbema, c. 1680. Londres, National Gallery.

La avenida de Middelharnis. M. Hobbema, c. 1680. Londres, National Gallery.

La obra de Pissarro que mostramos a continuación será una excepción a esta búsqueda del dinámico paisaje de frente, si bien matizada por los caminos que se internan en él y la figura central, punto de atracción sobre el que converge el resto:

El antiguo camino de Ennery, Pontoise. C. Pissarro, 1877. Ottawa, National Gallery of Canada.

El antiguo camino de Ennery, Pontoise. C. Pissarro, 1877. Ottawa, National Gallery of Canada.

Solana aventuraba una relación entre este cuadro y el famoso Campo de trigo con cuervos, pintado posteriormente por Vincent van Gogh, gran admirador de Pissarro. El hecho de que Van Gogh pintara en la misma zona que Pisarro (por recomendación de éste) y la semejanza entre ambas vistas estarían en la base de esta proposición:

Campo de trigo con cuervos. V. van Gogh, 1890. Ámsterdam, Museo Van Gogh.

Campo de trigo con cuervos. V. van Gogh, 1890. Ámsterdam, Museo Van Gogh.

Es curioso ver cómo la pincelada de muchos cielos vangoghianos (Autorretrato, La noche estrellada) se acerca mucho a la del Pissarro del camino de Ennery, aunque este no sea el caso del Campo de trigo con cuervos. 

Por último, la influencia de Daubigny sobre Pissarro  también se puede apreciar en esta vista, pintada por Daubigny 26 años antes que El antiguo camino de Ennery, Pontoise. En ella, la figura central también va abriendo camino en medio de un paisaje rural visto de perfil, contraponiendo ambas direcciones en un juego de tensiones en el que, pese a todo, sigue prevaleciendo lo estático y horizontal.

Cosecha. C.F. Daubigny, 1851. París, Museo de Orsay.

Cosecha. C.F. Daubigny, 1851. París, Museo de Orsay.

En la próxima entrada del blog trataremos el segundo punto de la exposición de Solana, titulado El arte del desnivel y en el que se nos descubre otra opción del uso del camino llevado a cabo por Pissarro, aún más compleja y atrevida que las analizadas.

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